Aciertos y desaciertos: una mirada al pasado de nuestra facultad*

Carlos Morg



El Partido Comunista Mexicano implantó un corporativismo en la Universidad Autónoma de Sinaloa, después de enfrentar y someter a la izquierda ultra radical que dominó y sumió en el caos académico a la universidad tras la defenestración del rector Gonzalo Armienta Calderón. El Partido Comunista Mexicano impuso el control político e ideológico de los universitarios, el adoctrinamiento de los alumnos y la supremacía de la política y de la ideología sobre la academia, lo cual continuó hasta el derrumbe de ese grupo de poder corporativo, atrincherado en el sindicato, liberando a la academia de los controles políticos e ideológicos. Esta entrevista es un resumen de los primeros treinta años de vida de la Facultad de Derecho, Mazatlán.

¿Cuándo y cómo llegaste a la Escuela de Derecho de Mazatlán?

Llegué a la UAS, en Mazatlán, en el año 1977. Entonces militaba en una célula del Partido Comunista Mexicano en la ciudad de México y en las reuniones se hablaba de las oportunidades laborales y políticas que ofrecía la expansión de la Universidad Autónoma de Sinaloa fuera de Culiacán, en este caso, Mazatlán. El objetivo era que los militantes comunistas con formación universitaria vinieran, a cambio de un puesto laboral, a apoyar académica y políticamente al partido en ese momento de crecimiento de la UAS, garantizando que ese desarrollo se diera bajo la conducción de los comunistas, que eran quienes dirigían, en ese momento, la reinstitucionalización de la universidad después de un traumático, violento y convulsionado proceso político que había transformado radicalmente la UAS.

¿Qué proceso fue ése y en qué culminó?

Un proceso que fue parte del largo, sinuoso, discontinuo y heterogéneo recorrido de los mexicanos hacia la democracia. Desde los años sesenta, el país vivió un creciente descontento con el sistema autoritario implantado por el PRI, un sistema antidemocrático, corrupto y corruptor, que se vivió de muchas maneras, desde posiciones conservadoras hasta las ultrarradicales que florecieron en algunas universidades como la UNAM, la Universidad Autónoma de Puebla (UAP) y la UAS; y movimientos armados, guerrilleros, en estados como Michoacán, Guerrero, Jalisco, Nuevo León, Chihuahua y el Distrito Federal. En la UAS, la autonomía universitaria, controlada por el PRI, a través de la Junta de Gobierno, hizo crisis con el nombramiento como rector de Gonzalo Armienta Calderón en 1970, y que culminó con su derrocamiento en 1972, dos años en los que florecieron dentro de la institución –durante el movimiento universitario que exigía su destitución y una nueva Ley Orgánica– corrientes ultra radicales de izquierda como Los enfermos de Sinaloa (que formaban parte de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Sinaloa, FEUS) y el grupo guerrillero Liga comunista 23 de septiembre, junto con células del Partido Comunista Mexicano y otros grupos marxistas y trotskistas.

Tras la deposición como rector del Dr. Gonzalo Armienta Calderón, los comunistas, lograron, a lo largo de un quinquenio, junto a otras fuerzas moderadas, neutralizar a las corrientes más violentas y radicales dentro de la universidad, alcanzando, así, el control de los principales cargos universitarios y sindicales. Llegué a trabajar a la UAS por y para el partido, para asegurar su control sobre la institución y llevar a cabo el adoctrinamiento político de los estudiantes. Llegué a cumplir, junto con muchos otros profesores y militantes, una encomienda, después de terminar la licenciatura en sociología en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México. Comencé trabajando, como profesor de asignatura, de la materia de sociología, en la preparatoria Rubén Jaramillo, bajo las órdenes del profesor Alejandro Utrilla, quien encabezaba un grupo de docentes del SNTE aliados con el Partido Comunista. Él me presentó con el licenciado Antonio Barballaniz, director de la Escuela de Derecho de Mazatlán, iniciando una intensa relación laboral que daría muchos y excelentes frutos académicos. Un año después, gracias a las gestiones y perspectiva académica de Barballaniz, el rector Eduardo Franco firmó mi nombramiento como profesor de tiempo completo adscrito a la Escuela de Derecho de Mazatlán. Dejé la preparatoria Jaramillo y me incorporé, además, como profesor de una asignatura a la Escuela de Ciencias Sociales de Mazatlán.

¿Podríamos decir que tu ingreso a la UAS fue por tus conexiones políticas y no por tus capacidades académicas?

Estrictamente, sí. Aunque no creo haber carecido de habilidades académicas y demostrado tenerlas. Pero la verdadera razón, en mi caso, y en el de la mayoría en ese entonces, fue la afinidad política.

¿Acabas de decir que uno de los objetivos era el adoctrinamiento de los estudiantes, podrías explicarme que significaba eso?

La universidad, en ese momento, estaba inmersa en un proceso de reinstitucionalización, intentando recuperar sus tareas sustantivas. Como comenté, tras la caída del rector Armienta Calderón en el año 1972, la institución, buscando su transformación, se había sumido en el caos académico. Durante cinco largos años, los universitarios vieron cómo muchas de las demandas populares surgidas tras décadas de priismo, en la universidad, se convirtieron en un feroz radicalismo ultra izquierdista que clamaba por la revolución, que llegó a proclamar, incluso, la destrucción de la propia universidad, imponiendo, mediante la violencia, su autoridad, haciendo a un lado la academia, hundiendo a la UAS en el desorden y la corrupción, así como el nacimiento de los sindicatos universitarios. El Partido Comunista junto a otros sectores universitarios moderados enfrentaron este ultra radicalismo de izquierda.

En 1977, el rector Eduardo Franco encabezó este movimiento de reordenamiento (de reinstitucionalización) de la universidad y de recuperación de sus tareas sustantivas: la docencia, la investigación y la difusión del conocimiento y la cultura. Pero nada en la vida es gratis, el Partido Comunista convirtió a la universidad en una plataforma política y le impuso un compromiso de transformación de la sociedad. A la ideología ultra radical de los denominados Los enfermos y de la Liga comunista 23 de septiembre –los primeros fueron el resultado de la transformación de la dirección de la FEUS en un grupo extremista y violento que llegó a plantear la desaparición de la propia universidad por considerarla un instrumento de la burguesía en contra de la revolución y el proletariado, la segunda era un grupo de guerrilla urbana de ideología marxista-leninista que tomó su nombre de la fecha en que un grupo armado atacó un cuartel militar en Madera, Chihuahua– le siguió lo que el Partido Comunista llamó la “Universidad democrática, crítica y popular”: un batiburrillo que tenía como fin justificar el control corporativo de los comunistas y sus aliados sobre la universidad. La ideología comunista pasó a formar parte de los planes y programas de estudios y el servicio social universitario se convirtió en una forma de activismo político. Todos los planes de estudios, de la escuela que fuera, contaban con una llamada área social, en la que se enseñaba a los alumnos el materialsmo dialecto y el materialismo histórico y las historias de los movimientos obreros y campesinos mexicanos y mundiales. Los profesores de las materias de las áreas sociales éramos los encargados de asegurar el adoctrinamiento de los alumnos. El partido, por su lado, se encargaba del control de los profesores mediante el dominio de la administración y de los sindicatos, bajo una forma de gobierno corporativo de la universidad. A eso me refería cuando hablaba de adoctrinamiento de los alumnos.

¿Cómo era entonces la vida académica en la Escuela de Derecho de Mazatlán en 1978?

Las condiciones materiales en que se desenvolvía la vida académica de la escuela eran muy precarias. El aire acondicionado y las áreas verdes que ahora son normales eran impensables en aquel momento. El espacio era limitado e insuficiente y trabajábamos con más entusiasmo que recursos. La docencia ocupaba la totalidad de los esfuerzos académicos y el director se esforzaba por apoyar, en la medida de lo posible, las actividades. A pesar de la falta de espacios, la escuela contaba con una coordinación académica y una pequeña biblioteca y una administración a la que se le dotó de una organización y procedimientos regulados mediante un manual.

Desde que la escuela fue reconocida como tal –pues inicialmente funcionó como grupos desplazados de la Escuela de Derecho de Culiacán–, se impartió la licenciatura en derecho con el mismo plan de estudios que regía en aquella escuela. Ese plan estaba formado por dos grandes bloques de materias, uno llamado área jurídica y otro llamado área social. Las materias que integraban el primero son todas aquéllas que tradicionalmente se han impartido, con algunas variantes, en las escuelas de derecho, con independencia de la tradición jurídica en que se sitúen. El segundo era un catálogo de materias propio de una escuela de cuadros de un partido comunista, materialismo dialéctico, materialismo histórico, economía política, historia del pensamiento político, historia del movimiento obrero en México, historia del movimiento obrero mundial, movimiento político campesino, derecho de los países socialistas, y un montón más que no recuerdo, pero eran tantas o casi tantas como las del área jurídica. Los estudiantes pasaban la mitad de su carrera estudiando derecho y la otra mitad estudiando como si fueran a convertirse en militantes o dirigentes del partido comunista. Una aberración. Fue uno de los nefastos resultados de ese intento de transformación del que participamos, con entusiasmo, en ese entonces, muchísimos universitarios. Por su parte, los estudiantes veían con desinterés estas materias y las estudiaban con desgano, con el único propósito de cumplir el compromiso de cursarlas para obtener el título universitario. Con el tiempo, todos fuimos conscientes de la inutilidad de estas materias.

Más de una década duró el control corporativo del partido y sus aliados sobre la universidad, primero como Partido Comunista Mexicano y después como Partido Socialista Unificado de México. En ese lapso, los comunistas del mundo vieron pasar la glasnost y la perestroika y vivieron la caída del muro de Berlín y el fin de la Unión Soviética. Mientras, en la UAS, en la Escuela de Derecho de Mazatlán en particular, seguía el predominio de la ideología sobre el conocimiento científico, con un plan de estudios basado en la ideología y el adoctrinamiento, con una vida insular apartada de la sociedad.

Con la llegada a la rectoría del ingeniero David Moreno Lizárraga se rompe el control corporativo en la universidad, coincidiendo con la desaparición del último vestigio del Partido Comunista, cuando su heredero el Partido Mexicano Socialista se alió con la corriente democrática del PRI formando el PRD.

A lo largo de esa década, muchos de quienes formábamos parte de la Escuela de Derecho de Mazatlán fuimos cambiando a la par que el mundo, el país y la universidad lo hacían. Durante largo tiempo discutimos la pertinencia de reformar el plan de estudios, de adecuarlo a las necesidades científicas de la evolución del derecho pero nunca fue posible.

¿A qué atribuyes esta imposibilidad?


Para mí es un hecho muy simple, a la inmadurez de la institución, debido a la falta de preparación y capacidad académicas de la planta docente en aquel momento. A pesar de que la universidad, durante el rectorado del ingeniero Eduardo Franco, llevó a cabo un programa intensivo de formación y superación del personal académico, que abarcó a la totalidad de los profesores, éste solo se limitó a cuestiones estrictamente didácticas y pedagógicas. A pesar de que la universidad, a través del sindicato, llevó a cabo un ambicioso plan de becas del personal docente, no se atendió a la formación de los profesores en sus áreas de conocimiento. Se privilegió cómo enseñar sobre qué enseñar. ¿De qué sirven profesores con habilidades didácticas cuando ignoran el contenido de sus materias?

En mi caso, estudié dos posgrados en la UNAM, con el pago íntegro de mi salario por la UAS. Lo mismo hicieron Barballaniz y Lety Aguayo. El resto mostró resistencia a dejar Mazatlán. Solo recientemente otros profesores han hecho posgrados en la propia UAS, la mayoría en educación y no en sus áreas de conocimiento, o en estudios a distancia mediante convenios con universidades nacionales o extranjeras, una especie de provincianismo, de resistencia al cosmopolitismo, propio de la vida académica.

Barballaniz, como director, buscó, sin lograrlo, la participación de la planta docente en la discusión del plan de estudios, además de promover múltiples acercamientos con el resto de las escuelas de derecho de la UAS con la finalidad de reformar los planes de estudio para superar el pesado lastre de las materias del área social.

Tras la dirección de Antonio Barballaniz, ¿cuál fue el rumbo de la Escuela?

Desde el principio, las nacientes escuelas de la UAS en Mazatlán funcionaron bajo los mismos principios de organización y funcionamiento que había en Culiacán, jamás se pensó en aprovechar la juventud de estas escuelas para pensar en un nuevo modelo, como ha sucedido, por ejemplo, en la UNAM, con los CCH o las ENEP. Aquí la estrategia siempre fue el control político corporativo de los profesores y estudiantes.

Tras el empuje inicial de la fundación, la falta del liderazgo de Barballaniz fue sustituido por la inercia. A Barballaniz le siguió en la dirección de la escuela el licenciado Pedro Osuna Amparo, joven, inteligente e inquieto que consciente de las debilidades de la escuela se topó con el corporativismo universitario en todos sus intentos de reforma y cambio. El sindicato y la administración fueron un muro insalvable. Al término de su período renunció a la universidad, convertido en un crítico implacable y cáustico de la UAS.

A Pedro Osuna le siguió, durante dos períodos, seis años, el licenciado Rubén Darío Rojo Serrano. Seis años académicamente irrelevantes en los que el corporativismo sentó sus reales en la escuela, sobre todo a través del sindicato. La institución creció inercialmente hasta alcanzar, casi, el tamaño que tiene hoy; la contratación de nuevos profesores, para cubrir las necesidades de ese crecimiento, fue el terreno en que la corriente comunista del sindicato, representada, primero, por Audómar Ahumada Quintero y Aarón Quintero Pérez, después, consolidó su presencia en el plantel.

Trece años después de ser erigida como escuela, el plan de estudios seguía siendo el mismo. El plan de estudios era un anacronismo en medio de un mundo que cambiaba aceleradamente. En seis años no hubo un solo intento de reflexión o cambio.

En 1989, coincidiendo con el inicio de la rectoría del ingeniero David Moreno Lizárraga y el nacimiento del PRD, que sepultaba lo que quedaba del Partido Comunista, llega a la dirección de la escuela el licenciado Héctor Samuel Torres Ulloa, el primer ex alumno en llegar a esta posición, en un momento importante en la historia de la UAS, ya que como comentaba antes, marca el fin del corporativismo universitario bajo la conducción del Partido Comunista y sus sucesores. Una circunstancia relevante en el desarrollo de la Escuela de Derecho de Mazatlán: por primera vez, del plantel no solo egresan licenciados en derecho, sino que también produce alguien capaz de dirigirla.

Estos cambios en la administración universitaria obligaron a los antiguos usufructuarios del corporativismo a atrincherarse en el sindicato, lo mismo ocurrió en la Escuela de Derecho de Mazatlán, ofreciendo al nuevo director un margen de maniobra mayor. Egresado de la escuela, conocía los problemas de la institución y su paso por otras instituciones de educación superior y su experiencia profesional le indicaron el camino a seguir.

Al regresar de uno mis posgrados me encargó presidir, de tiempo completo, una comisión ad hoc para llevar a cabo la reforma al plan de estudios. Junto con el Coordinador Académico, el licenciado Vicente Hernández y el licenciado Romero Chávez, después de un año de trabajo, en un encuentro académico que reunió a la comunidad escolar, presentamos una propuesta de reforma al plan de estudios y a la estructura académico-administrativa de la escuela, que finalmente fue aprobada por el Consejo Universitario.

Contar con un nuevo plan de estudios, sin el lastre de las materias del área social, con énfasis en la formación jurídica de los egresados, fue el principal y mayor logro de la dirección de Torres Ulloa. Por primera vez en su historia, la escuela había demostrado tener la capacidad para desarrollar, por sí sola, con sus propios recursos humanos, una propuesta académica capaz de formar licenciados en derecho.

Héctor Samuel también mostró tener la capacidad suficiente para conducir a la institución por un nuevo camino. Le dio al cargo de director la importancia y dignidad de que carecía, fue el primer director en tener un despacho propio, adecuadamente dotado. Gestionó y obtuvo un espacio radiofónico para la escuela. Consiguió una página semanal en uno de los dos principales periódicos de la ciudad, que tuve a mi cargo durante todo el tiempo que duró su gestión y que, por cierto, obtuvo el premio estatal de periodismo.

Actualmente funge como Contralor General del Tribunal Superior de Justicia en el Distrito Federal.

Sucedió en el cargo, durante casi nueve años, el licenciado Vicente Hernández Delgado, presidiendo el más largo y controvertido período al frente de la dirección. Trajo de vuelta a la Coordinación Administrativa de la escuela y, por lo tanto, a control escolar a Ricardo Vera Páez, a quien, prudentemente, Torres Ulloa había exiliado, neutralizándolo, a la Coordinación Académica como ayudante de Vicente Hernández.

Ricardo Vera Páez era la cabeza del grupo sindical controlado por Audómar Ahumada y Aarón Quintero, remanente del Partido Comunista (Audómar fue secretario general estatal del partido, secretario general del sindicato de profesores y rector; Aarón fue secretario general del sindicato y pretendió, desde esa plataforma, inútilmente, la rectoría). La escuela se convirtió en un bastión de este grupo en un momento en que la universidad estaba cambiando y nuevos grupos de poder estaban desplazándolos. Con este apoyo, Vera Páez construyó una estructura de poder que manejó a su antojo, durante quince años, la entrada y permanencia del personal docente y una red de sometimiento de los estudiantes mediante el control escolar de las calificaciones. Un verdadero poder tras el trono, que trascendió tres direcciones (Hernández, Fiore y Sánchez). Él llevó a la dirección a Giovani Fiore Bueno y a Víctor Manuel Sánchez Gómez, apoyándose en el control que tenía sobre los profesores y estudiantes.

Por su parte, Vicente Hernández Delgado dotó a la escuela de una biblioteca con un acervo creciente y de calidad, con instalaciones adecuadas y confortables.

Apoyó la formación de un patronato encabezado por un grupo de alumnos con destacada presencia social y empresarial para la construcción de un edificio anexo en el que ahora funciona el auditorio escolar.

Implantó la Coordinación de Investigación y Posgrado que había sido aprobada en la anterior reforma al plan de estudios y a la estructura académico-administrativa y me puso al frente de ella. Debo reconocer su apoyo para lograr, mediante la firma de un convenio de colaboración con el Instituto de Investigaciones Jurídicas (IIJ) de la UNAM, la asesoría para elaborar y presentar un proyecto de Especialidad en Derecho Penal y que fue aprobado por el Consejo Universitario. De esta manera, dimos inicio al posgrado en la escuela, con la participación de profesores externos, la mitad de ellos investigadores del IIJ de la UNAM, pues el plantel carecía de personal suficientemente preparado para integrar la planta docente de la especialidad. Esperábamos la participación de los profesores de la escuela como alumnos del posgrado, pero, desafortunadamente, solo uno atendió nuestro llamado. En este esfuerzo contamos con el apoyo valioso y eficiente del licenciado Oscar Romero Chávez.

¿Cuándo consideras que la Escuela de Derecho de Mazatlán logra su consolidación?

Cuando la escuela fue dirigida, por primera vez, por un egresado de ella misma, por alguien formado en sus aulas, que conocía sus problemas desde ambas perspectivas, como alumno y como docente. Coincidiendo con un giro en la historia de la UAS y con cambios trascendentales en México y en el mundo. Cuando la escuela dejó atrás un anacrónico plan de estudios y encontró un camino propio para la formación de licenciados en derecho. Cuando privilegió el conocimiento científico sobre la ideología. Cuando fue capaz, con sus propios medios académicos y recursos humanos, de crear un instrumento académico y científico como el nuevo plan de estudios y organizarse para la generación y difusión del conocimiento, mas allá de la docencia. 1989-1991 es el período, encabezado por Héctor Samuel Torres Ulloa, en que la escuela se consolida como institución.

¿Cuáles consideras fueron los logros académicos de la escuela que permiten hablar de consolidación institucional?

En primer lugar, y a riesgo de ser repetitivo, la reforma del plan de estudios, que significó el abandono del adoctrinamiento ideológico, que nunca cumplió, además, con el propósito político que pretendía. Solo posible gracias a la madurez académica de algunos de sus miembros y a la existencia de un real liderazgo académico.

La superación de su aislamiento, el abandono de su insularidad, la vinculación con la sociedad a través del programa de radio y la página semanal en uno de los periódicos locales.

El crecimiento y mejoramiento de sus instalaciones. Contar con una biblioteca adecuadamente amueblada, con un acervo de calidad y un auditorio, no son poca cosa para un plantel como el nuestro.

Haber desarrollado un programa de posgrado a nivel de especialidad, que demostró que la escuela tenía, y tiene, la capacidad académica suficiente para desenvolverse como una facultad.

Y, principalmente, la calidad de muchos de sus egresados, que han logrado situarse en los más altos y diferentes niveles de desempeño profesional, en las más diversas actividades jurídicas y ramas del derecho. Un ejemplo es el propio ex director Torres Ulloa. Podemos encontrar a nuestros egresados en la Judicatura Federal, en el Poder Judicial local, en las administraciones públicas federal, locales y municipales, en los órganos de procuración de justicia federal y locales, en la práctica forense, en el notariado, en altos puestos de dirección empresarial, en la asesoría jurídica, etc.

¿Qué pasó que no pudieron mantenerse esos logros?

La permanencia de Ricardo Vera Páez, durante quince años, al frente de la Coordinación Administrativa y de Control Escolar, no es una mera anécdota. Su prolongada presencia es una de las razones del estancamiento de la escuela, durante todo ese tiempo fue la cabeza de una red de poder y control al servicio de un grupo político dentro de la universidad, del sector liderado por Audómar Ahumada y Aarón Quintero Pérez. Convirtió a la escuela en un reducto de ese grupo de interés en decadencia, que perdía, día a día, influencia en el resto de la universidad. El manejo del ingreso y permanencia del personal académico y el control de las calificaciones le permitió crear un grupo de profesores que le retribuían la conservación del empleo con lealtad, una camarilla de incondicionales completamente alejados de la academia, prestos a ofrecer sus votos, cada vez que se los pidieran, a favor del grupo de Audómar y Aarón.

No hubo en esos quince años ninguna iniciativa académica relevante. De la misma manera que durante los primeros quince años de vida escolar no se llevó a cabo ninguna acción para reformar el primer plan de estudios, en los siguientes quince años, que Vera dominó, el nuevo plan no fue sometido a ninguna clase de evaluación, ni intento de reforma.

La planta docente se debilitó, los profesores de tiempo completo más antiguos y mejor formados, con posgrados, alcanzaron su jubilación, otros, de asignatura, por razones personales o profesionales dejaron la escuela, y sus lugares fueron ocupados por oportunistas al servicio de Vera.

Era, y es, vox populi la corrupción –en forma de compraventa de calificaciones– que imperó en ese período de la historia escolar, de la que todos hablaban pero pocos se atrevieron a delatar, de la que las víctimas jamás ofrecieron pruebas –pues eran beneficiarias, cómplices– y que los corruptos se encargaron de ocultar y encubrir.

El año 2005, Diana Margarita Garzón López llegó a la dirección de la escuela, al mismo tiempo que Héctor Melesio Cuén Ojeda arriba a la rectoría de la universidad. Cuén, para poder llevar a cabo su proyecto universitario, contemplaba, entre uno de sus objetivos, terminar con el poder del grupo encabezado por Aarón Quintero, quien tenía uno de sus últimos bastiones, precisamente, en la Escuela de Derecho de Mazatlán. La alianza entre la nueva directora y el nuevo rector fue pronta y natural, y a mediados del año 2006 dejaron la escuela, para siempre, Amparo Lizárraga Morales, Félix Manuel Toledo Guardado, Gustavo Galicia Calderón, Luis Antonio Ibarra Santana, Mauro Sandoval Ceja, Vicente Lerma Zambrano, Heriberto Arias Suárez y Ricardo Vera Páez, dejando tras de sí a un buen número de renegados y arrepentidos que decidieron no correr su suerte.

A Diana tocó limpiar los establos de Augías. Esa labor de aseo y puesta en orden, de por sí nada sencilla, consumió buena parte de sus esfuerzos de dirección, en un período de menos de tres años. Diana recibió una escuela con una planta académica muy debilitada que, aún hoy, no se recupera.

¿Crees que la institución logró superar esos problemas?

No. Correspondía al sucesor de Diana consolidar los logros y el duro trabajo realizado por ella, pero demostró no estar a la altura del reto, dejó pasar una oportunidad de oro. La administración de Martín Moncada fue decepcionante, falló a todas las esperanzas puestas en él.

El plan de estudios es el alma de una enseñanza, en la Facultad de Derecho de Mazatlán solo se ofrece una licenciatura, y el plan de estudios debe ser una de las ocupaciones y preocupaciones principales. Ante la necesidad de actualización del plan de estudios Martín Moncada usó el medio más sencillo, recorrió el camino más corto, el de menor esfuerzo, tomó prestado un plan de estudios ajeno, el de Culiacán, demostrando que la facultad no estaba capacitada para crear, por sí misma o con auxilio de otra institución, un alternativa propia, justificándose en la homologación de los planes, que facilita la movilidad interinstitucional, haciendo a un lado criterios de competencia académica y de equivalencia de estudios. La escuela se había convertido en facultad y resultó incapaz de formular un proyecto propio para su desarrollo, un gran fracaso.

Mantener acéfala a la Coordinación de Investigación y Posgrado fue negligente y un gran desacierto. Con ello exhibió incapacidad para integrar un equipo de trabajo y que la escuela carecía de personas adecuadas para encabezar el trabajo académico. Demostró no tener capacidad de liderazgo.

¿Cuál es el principal desafío que enfrentó o enfrenta la facultad?

En mi opinión, el desafío principal que enfrentaba, y que no ha sido atendido, es la creación de una plantilla de profesores con una sólida formación científica, dispuesta a trascender la docencia e incursionar en la investigación y la difusión del conocimiento.

¿Qué otra urgencia identificas?

Hay una necesidad de incorporar, en el plan de estudios, contenidos que estimulen la actividad emprendedora de los estudiantes y otros que contemplen la faceta empresarial del ejercicio profesional del derecho.

Es interesante esa idea que planteas, aunque tendría algunas dudas al respecto. Antes, me gustaría también hacerte otras preguntas que he ido dejando en el tintero.

En esta ocasión, contigo, hemos descubierto a otro director de la facultad cuyo trabajo ha sido notable. Eran dos, Barballaniz y Diana Garzón, ahora con Torres Ulloa son tres.

Con esta cuarta entrevista, que publicamos en la revista, continuamos con la recuperación de la historia de la facultad. Cada entrevista ha coincidido con un momento importante. Hasta ahora hemos podido identificar cuatro etapas. En primer lugar, habría que mencionar los extremos (temporalmente hablando): la primera etapa correspondería a la fundación de la facultad y la última a su rescate. En medio otras dos etapas: antes del rescate hubo un momento de profunda corrupción que motivó esa recuperación; y antes de la corrupción –y posterior a la fundación–, el sometimiento de la academia a la ideología comunista.

En suma, como decíamos, cuatro momentos: fundación, comunismo, corrupción y rescate. Haber hecho este recuento ayuda mucho a comprender lo que es actualmente la facultad y a imaginar el camino que debería seguir ante los desafíos que tiene el día de hoy (como, por ejemplo, el de su claustro docente que mencionabas).

Has dicho que el Partido Comunista Mexicano cooptó a la universidad y adoctrinó a los estudiantes, imponiendo una visión del mundo, y que a través del corporativismo estableció una dominación clientelar, del sindicato y por lo tanto de los puestos de trabajo, a cambio de apoyo. Y que además se trató de una visión del mundo, la marxista-leninista, que resultó ser un error.

Es interesante que, en la entrevista anterior, Leticia Aguayo y Óscar Romero Chávez –quienes nos hablaron sobre los problemas de corrupción en la facultad–, terminaran haciendo alusiones al comunismo. Tú describes ese mismo camino pero a la inversa, inicialmente hablaste de comunismo y al final de corrupción.


¿Podrías explicarnos –incluso sociológicamente– cuál sería la relación entre uno y otro (en el caso concreto de la UAS)? ¿La corrupción acaso debería su existencia al comunismo y, de ser así, por qué?

No dividiría la historia en cuatro etapas, si no en tres. La fundación de la escuela coincide con la instauración del corporativismo en la UAS, su surgimiento y el de otras escuelas en Mazatlán son producto de la expansión de ese control corporativo encabezado por los comunistas; para entonces, Los enfermos y la Liga comunista 23 de septiembre estaban en retroceso, no solo en la UAS sino en el país entero, el gobierno federal les había asestado, también, fuertes golpes a través de la llamada Brigada blanca, creada ex profeso para acabar con cualquier movimiento o grupo subversivo violento. La guerra sucia que el gobierno federal emprendió contra estos grupos ultra radicales ayudó a los comunistas a afianzar su control sobre algunas universidades, entre ellas la UAS y la UAP; en Nayarit y Baja California alcanzaron importantes posiciones que pronto perdieron.

Todas las estructuras basadas en el control corporativo suponen, por su propia composición, diferentes niveles de corrupción, empiezan levantándose sobre un ideal y terminan siendo destruidas por ella. Son estructuras clientelares, su jerarquización y distribución de poder depende de la clientela y el patronazgo, están minadas, desde el principio, por la corrupción. En la UAS, el corporativismo se basó en la distribución de las plazas de trabajo y en el control de las calificaciones, que a su vez eran la base de la cooptación de votos en los procesos electivos dentro de la institución, ya que los cargos de dirección, incluso el puesto de rector, eran obtenidos mediante votaciones universales de alumnos y profesores. Los comunistas transformaron a la UAS de una institución basada en los méritos académicos en una democracia manipulada mediante el control corporativo de los votos, cimentada y cementada por la corrupción, una democracia que nunca fue tal y que además es contradictoria con la naturaleza propia de las universidades, cuyas jerarquías y distribución de poder se basan en el reconocimiento de los méritos académicos de profesores, investigadores y estudiantes.

Por otro lado, el comunismo, en su afán de igualdad, acaba por suprimir toda aspiración de competencia y superación, la llamada emulación socialista termina por convertirse en simulación, que es una forma de corrupción. La ideologización de la universidad, las famosas materias del área social eran una simulación de universidad. La mitad de las materias del primer plan de estudios de la licenciatura en derecho de nuestra escuela no tenían que ver con el derecho sino con la ideología; además de una pérdida de tiempo y esfuerzo, era un remedo de una escuela de cuadros partidaria y una farsa académica.

¿Representó un retroceso o un progreso el comunismo para la universidad? Es decir, si la UAS no hubiese vivido ese periodo comunista, ¿estaría mejor o peor? Y, en ese caso, aunque no correspondería dar respuesta aquí a ello, sino quizás a través de un trabajo de investigación, ¿cómo imaginas que podría probarse empíricamente que la UAS fue mejor o peor universidad antes del comunismo? Y más grave, ¿cómo probar que fue mejor o peor después del comunismo?

Las cosas fueron de esa manera y es imposible imaginar como hubieran sido si no hubieran sucedido los hechos que le tocó vivir a nuestra universidad. Palo dado ni Dios lo quita. Pero estamos obligados a aprender del pasado, reconociendo los errores para evitar repetirlos en el futuro. La humanidad no puede darse el lujo de perder el tiempo a costa del atraso y el sufrimiento de una parte de ella. La UAS no solo perdió con el control corporativo de los comunistas, también lo hizo en el quinquenio perdido tras la caída de Armienta Calderón, cuando Los enfermos y La liga comunista 23 de septiembre hundieron a la universidad en el caos.

A lo hecho pecho, no creo que la pregunta deba ser si la UAS fue peor o mejor antes o después del control corporativo de los comunistas, la cuestión es saber si la UAS es realmente una universidad. ¿Cómo determinan que Oxford, Harvard, Yale, el MIT son las mejores universidades del mundo? Filosófica y científicamente sabemos que la verdad es la congruencia entre los datos de la realidad de las cosas y la idea, noción o concepto que tenemos de ellas. Si ladra no puede ser un gato, sabemos que los gatos maúllan, maullar es parte de la idea, noción o concepto que tenemos del gato. Hay una noción, un concepto, único, absoluto, de universidad, ésa es y debe ser nuestra referencia y frente a ella tenemos que contrastar la realidad de lo que es la UAS. Oxford, Harvard, Yale, el MIT son grandes universidades porque son congruentes con el concepto universal que la humanidad tiene de la universidad. Ese es el único método que tenemos para saber qué es la UAS, qué tan lejos o cerca estamos de la noción absoluta de la universidad.

Dices que estudiaste tus posgrados en la Universidad Nacional Autónoma de México. ¿La Facultad de Derecho de la UNAM funcionaba bajo el mismo esquema de una mitad de asignaturas ideológicas y otra mitad de asignaturas ideológicas? Y, por otra parte, ¿cómo vivió la UNAM este mismo periodo de ímpetus comunistas?:

Por supuesto que no. La fortaleza institucional de la UNAM es inmensa, la noción universal de la universidad se encuentra bien asentada entre sus miembros. A pesar de que la UNAM y sus miembros padecieron el autoritarismo priista, los universitarios tuvieron la sabiduría de conservar la esencia universitaria. Los comunistas hicieron lo suyo en ella pero no pudieron romper su institucionalidad. La UNAM nunca ha sido una democracia, ni debe serlo, pero ha sabido incorporar elementos propios de la sociedad democrática en que se desenvuelve, ha incorporado elementos como la transparencia y la rendición de cuentas de sus directivos, el respeto a la diversidad y la tolerancia en la convivencia entre universitarios. Desde 1945, cuando se erige como Universidad Nacional Autónoma de México, la UNAM ha sido regida por una misma ley orgánica, de solo 18 artículos y ocho transitorios, lo cual habla de su vigor institucional y de la armónica relación que existe entre su régimen legal y la idea universal de universidad.

Nos has contado, en esta entrevista, que tú mismo creíste en el comunismo y que estuviste en las filas del Partido Comunista Mexicano. Sin embargo, después te convertiste, en tu entorno universitario, en uno de sus críticos. Quiero imaginar que, en algún momento, viviste eso como una especie de contradicción contigo mismo y de desilusión frente al comunismo. ¿Cómo viviste ese proceso de contradicción y autocrítica? ¿Cómo ves esa ausencia de autocrítica en tus antiguos colegas comunistas?

El tiempo madura y la madurez te exige coherencia. Cuando ves que las ideas de las cosas no concuerdan con lo que las cosas son, debes cambiar, de lo contrario te conviertes en una persona incongruente. Antes de la caída del socialismo real, de la desaparición de la URSS y de la demolición del muro de Berlín, presenté mi renuncia al Partido Comunista Mexicano a Audómar Ahumada Quintero en un descanso de una reunión del sindicato de profesores de la UAS, desde ese momento me convertí en un crítico del corporativismo comunista en nuestra universidad. Para mi mala fortuna, la Escuela de Derecho de Mazatlán fue, hasta la salida de Vera Páez, uno de los últimos reductos del control corporativo en la UAS, lo que me causó muchos inconvenientes que, vistos ahora, lejos de la gravedad de aquellos momentos, en perspectiva, pudiera calificarlos como ejemplos de picaresca universitaria.

De algunos de mis compañeros de viaje, lo que me llama la atención es su desmemoria, como si trataran de borrar de su pasado esa militancia que ahora les incomoda. Otros, muchos, siguen siendo críticos de la realidad.

En varias ocasiones te he escuchado decir que los pueblos progresan no porque sus líderes hayan impuesto el cambio –por ejemplo a través de la revolución–, sino porque la gente ha cambiado su forma de pensar, de sentir y de vivir. La revolución francesa de 1789 no es la obra ni de Danton ni de Robespierre; es la culminación de un cambio previo en la sociedad francesa: la revolución intelectual de la Ilustración, cuyos célebres autores –como Voltaire– son solamente la parte visible de lo ocurrido en el pueblo francés. Si es así, quizás a riesgo de caer en la frase trillada, esto me haría pensar que, por lo tanto, los pueblos tienen efectivamente a los líderes que se merecen. Castro, en Cuba, es responsable de sus actos, pero si se mantiene en el poder es porque el pueblo cubano no ha cambiado. El muro de Berlín cayó sorpresivamente porque la sociedad alemana se había transformado. Entonces, ¿qué pasaba entre los sinaloenses que tuvo tanto arraigo el comunismo en la UAS particularmente sus vertientes más violentas? Sé que la historia no puede convertirse en una cacería de brujas para encontrar culpables, pero sí nos puede ayudar a identificar personajes y los actos realizados por éstos. ¿Tus antiguos colegas comunistas han asumido su responsabilidad histórica? ¿Cómo piensas que la UAS hace frente a ese pasado comunista suyo?

Todas las sociedades son entidades estructuradas, la UAS no es una excepción, es también una sociedad, en las que se establecen jerarquías, se asignan roles, se exigen conductas, se erige un mecanismo de poder. Es difícil ser parte de una sociedad y, al mismo tiempo, remar contra la corriente, so pena de ser echado fuera de ella. Quienes hacen como si nunca hubiera sucedido nada, quienes quisieran borrar esa parte de su pasado evaden su responsabilidad, que es más grande entre más alta fue su posición. Hasta ahora, ni las personas ni la institución han encarado su pasado, por el contrario, huyen al futuro individual y colectivamente eludiendo la historia. La consecuencia de esta evasión ha sumido a la UAS en un mundo de formas que evita los contenidos, las acreditaciones y certificaciones, la fijación de misiones y visiones ha sustituido a la formación de profesores e investigadores. La esencia ha sido sustituida por la apariencia. Me horroriza, me parece grotesco, caminar entre edificios escolares, con letreros inmensos en los muros, en los que se leen misiones y visiones con la finalidad de alcanzar las formalidades de las acreditaciones y certificaciones, mientras esas escuelas no cuentan con cuadros académicos de mínima calidad. La UAS debiera contar, como ya lo he dicho en otras ocasiones, con un Centro de Investigación sobre la Universidad, que estudie sus procedimientos de formación de profesores, sus procesos de enseñanza-aprendizaje, sus políticas de desarrollo institucional y su evolución histórica, como lo hace el Instituto de Investigaciones sobre la Universidad y la Educación de la UNAM desde hace 37 años, más recientemente la Universidad Autónoma de Baja California a través del Centro de Estudios sobre la Universidad desde el año 2003 o el Instituto de Estudios sobre la Universidad de la Universidad Autónoma del Estado de México, fundado en 1993.

En cuanto a la historia de la facultad, también sería interesante rescatar los nombres de profesores notables que han pasado por sus aulas. ¿Qué profesores consideras que han sido buenos, ya sea bajo criterios estrictamente académicos, ya sea por sus aportaciones a la facultad?

Al Licenciado Gilberto Miramontes Correa, quien trabajó muy prolíficamente junto a Barballaniz en la Coordinación Académica de la escuela.
Al licenciado Pedro Osuna Amparo, que luchó infructuosamente contra el dragón, por su lección de honradez y congruencia al renunciar a la universidad.
Al licenciado Antonio Mallorquín López, como un responsable y respetado profesor de derecho laboral.
Al licenciado Izaguirre, como profesor de derecho constitucional y amparo.
A Héctor Samuel Torres Ulloa, por todo lo que ya he dicho de él.
Al licenciado Oscar Romero Chávez, por su contribución al proyecto de transformación del primer plan de estudios y por su apoyo al desarrollo de la especialidad en derecho penal.
A la licenciada Leticia Aguayo, por su contribución a la transparencia y rendición de cuentas en la escuela.
Al licenciado Antonio Barballaniz Tavizón, por su tesón para la fundación de la escuela y por su capacidad para reconocer el talento ajeno.

Por último, hace un momento decías que el principal desafío de la facultad es la creación de una plantilla de profesores con una formación de alto nivel académico. Además decías que debería incluirse alguna asignatura que estimulara la faceta empresarial en los estudiantes para su ejercicio profesional del derecho. Pero, además del qué se enseña, ¿qué opinas sobre el cómo se enseña?

Es imposible enseñar lo que se ignora, lo que no se comprende. La base didáctica y pedagógica de un profesor universitario debe ser una sólida formación académica. Quien enseña a adultos debe, antes que nada, saber y entender lo que quiere enseñar. En mi opinión, la enseñanza universitaria no es asunto de técnicas didácticas o pedagógicas sino de dominio de la materia que se imparte.

Durante el rectorado del ingeniero Franco se impartieron cursos de formación docente en el que nos enseñaron técnicas de enseñanza-aprendizaje y todo siguió igual. Pura forma sin contenido.

Es común oír a los alumnos decir que el profesor sabe mucho pero no sabe enseñar, ¿cómo perciben los alumnos que el profesor sabe mucho y no sabe enseñarlo si no le entienden? ¿Cómo es posible que alguien que domina un conocimiento no pueda transmitirlo? Había un profesor de derecho civil en la escuela tenido por maravilla, todos le entendían; tiene pedagogía, decían los alumnos, pero cuando indagabas lo que aprendían descubrías el truco, todo lo que sabían era llano y simplón. El profesor nunca hubiera podido enseñar un nivel superior de conocimiento pues carecía de él, su manera de ser tenido como buen profesor era ser elemental.

A nivel universitario, la didáctica y la pedagogía van juntas con la formación académica. El cómo depende del qué y del cuánto.

*Entrevista realizada por Carlos Patiño Gutiérrez.






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